Las tendencias sociales

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De la mano con las grandes transformaciones de la economía, el consumidor ha vivido una dinámica de cambios tan rápida que muchas empresas productoras de bienes y servicios han quedado fuera de competencia por no poder satisfacer a un cliente cada vez más exigente, informado y consciente de su rol central en el mercado.

Los cambios de hábitos, estilos de vida, gustos y preferencias, han ido transformando el panorama social, económico y cultural del mundo, obligando a las empresas a ser más flexibles, estudiar más a sus clientes y adecuar a la nueva realidad sus productos, sus servicios, y la forma de entregarlos, promocionarlos e, incluso, de cobrarlos.

En esta carrera han prosperado muchas industrias creativas y aplicadas que se han adelantado y han ido evolucionando junto con el consumidor. Por el otro lado están organismos, empresas y profesionales que no han entendido el cambio y sobreviven penosamente o simplemente han desaparecido.

Además de los cambios en las estructuras económicas, las personas se han visto influenciadas por los rápidos cambios en la tecnología y los canales de información. La fuerte penetración de la televisión por cable o satelital, la intensiva utilización de computadores personales e internet y el fácil acceso a la telefonía celular, son factores que han contribuido a la modificación de hábitos y estilos de vida.

El mundo no es como solía ser 

Los cambios sociales producidos en los últimos veinte años, son los más radicales que se han conocido. La incorporación de la mujer a la fuerza de trabajo, por ejemplo, no sólo ha tenido consecuencias a nivel de empleo y productividad, sino que también ha sido un factor de cambio al interior de la familia. Hoy la mujer tiene un rol protagónico en la mayor parte de las actividades de la sociedad. Ha aumentado su poder de decisión como consumidor y como ciudadana.

Otro factor, no menos importante en las modificaciones sociales, es la pérdida de confianza en las instituciones por parte de las personas. Estudios recientes nos indican que, más allá de la política, los individuos desconfían cada vez más del Estado como ente solucionador de problemas. Del otro lado de la moneda ha crecido la confianza en que las propias capacidades personales permiten mejorar los estándares de vida. Es así como se ha impulsado la generación de nuevos emprendedores en todo el mundo como agentes de positivo cambio de desarrollo económico y cultural.